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"sino
santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad
siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y
reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza
que hay en vosotros" (I Pe. 3:15 RV 1960)
Realizar
este trabajo y llegara a concluciones finales es dificil. Por un
lado, tenemos la Palabra de Dios, que nos desafia a ver la vida
con una cosmovisión teísta,sobrenatural.
Por otro lado está la ciencia,el prestigio que esta tiene,pero que
lamentablemente, se ha puesto tan extremadamente racionalista, naturalista, con una postura agnóstica-atea, ya que
se desligó de Dios, dando un salto al vacío, al ateísmo, no
permitiendo que el concepto de inteligencia pueda ser considerado
como válido.
Detrás
de este debate actual, de esta guerra ideológica, se encuentra
el debate fe vs. naturalismo científico, dos cosmovisiones
que están en pugna y obivamente se anulan una a otra por ser incompatibles.
Es
una batalla espiritual pero a nivel de la mente, del conocimiento
intelectual.
Pero
también esta por otro lado el radicalismo dentro del cristianismo
evangélico, que abusa del método de interpretación
bíblica al negarse a considerar las evidencias de la ciencia
ni tampoco siempre respeta los límites de la teología como
diciplina del conocimiento.
Otro
tema además a considerar es que debemos procurar dar respuestas
razonables a los que nos demandan razón de nuestra fe,pero
esto no significa dar respuestas fanáticas.
Por
tal motivo, no solo hemos de testificar de nuestra fe diciendo:"Yo
creo en esto",sino que tenemos el deber de dar razón
del porque lo creemos.Puede que nuestras razones no logren convencer
a muchos de los ateos escépticos que nos rodean,pero cuando
menos podemos conseguir dos cosas,observa Samuel Vila:
1.Ganar
su respeto en cuanto a la fe que profesamos,para que no nos consideren
unos crédulos ignorantes,incapaces de explicar el porque
de nuestra actitud y profesión cristianas.
2.Podemos
y debemos levantar dudas en el corazón de nuestros interlocutores
escépticos acerca de su confianza en la incredulidad. Después
de todo,la incredulidad es también una fe,una opinión,una
hipótesis:Una fe en que no hay Dios,como nosotros tenemos
fe en lo que hay. [1]
Me
es imposible agradar a todos los lectores con este trabajo. No es
un documento de autosuperación personal o de éxito
financiero, temas de interés actual. Es un trabajo de filosofía
científica,rama de la teologia a la que no estamos comunmente acostumbrados
a tratar.
Además,
se relaciona con la historia del cristianismo evangelico de Inglaterra
y los Estados Unidos del siglo XIX y XX. También evaluaremos el tema del literalismo
bíblico, como método de interpretación de la Palabra
de Dios y su inferencia actual.
El
tema de los fraudes cientificos en el tema de los restos fosiles
que le quita credibilidad a la seriedad de esta teoria.Ademas de
la falta de claridad con el tema de la antigüedad del planeta, lo que le permite
a la Teoría mantenerse viva.
La
Teoría ha tomado fuerza de dogma, de tal manera que "nada
tiene sentido en biología fuera de la evolución",
como dijo el cristiano ortodoxo oriental Dotzky
Ademas
de las dificultades a la hora de conseguir bibliografia actualizda
en nuestros paises latinos.
Tambien
está el tema del pecado original, y el tema de los alcances geográficos
del "diluvio universal"
Charles
Robert Darwin murió en 1882. El primer Premio Nobel fue otorgado
en 1901. Murió sin poder reclamarlo, pero su influencia se hace sentir hasta nuestros días. Darwin aun vive en el corazon y la mente de muchísimos científicos

Moviéndome
entre diferentes foros y blogs de ciencia y evolución me
he encontrado con algunas constantes: la opinión de lo desilucionante que es para los evolucionistas debatir con creacionistas,y tambien la fuerte presencia de multitudes de ateos alrededor de la ideologia darwinista, siendo un poco la tropa de ataque de estos científicos.
Se pueden indicar
como principales características comunes:
(i) La falta de pruebas aportados por nosotros los creacionistas bíblicos, que desconocemos el tema.
(ii) lo reiterativo de nuestro mensaje, que no poseemos la preparación adecuada,manifestando un alto grado de analfabetismo científico y tambien un preocupante deconocimiento de las doctrinas cristianas y del arte de la apologética cristiana.
(iii) las toneladas de versículos bíblicos (aunque
alegamos que la Biblia no es un libro de ciencias) que les "disparamos a los científicos".
Pero es que es imposible para nosotros dada nuestra cosmovisión, el poder prescindir de la escritura sagrada a la hora de responder. El tema de los orígenes de las especies, incluyendo el ser humano, no solo corresponde a la ciencia biológica,sino también a otras disciplinas del conocimiento,como la filosofía,y a la teología
(iv) La facilidad para ignorar cualquier prueba científica mostrada,
a pesar de ser nostros quienes la demandamos. Las "supuestas evidencias científicas" que se nos muestran deben ser evaluadas. Si bien la teoría darwinista aparenta solidez, cuando uno entra a desarmarla, demuestra que es sumamente inicerta, y que no es tan sólida como ellos así lo afirman. Pero ellos están tan convencidos de su ideología, que pareciera imposible lograr que revisen sus creencias. Y siempre con la convicción de que lo que no lo saben hoy, lo sabrán mañana. Y ya hace 150 años que buscan evidencias y siempre,de una manera u otra, logran salvar su teoria.Demuestran que no tienen otra mejor y ademas, esta teoria esta dando soporte ideológico al ateismo y al agnosticismo. Y cuando uno les responde, dado que el creacionismo es considerado un absurdo y en bancarrota intelectual, no nos prestan la debida atención, demostarndo que la ciencia se ha convertido para muchos, en la religion del hombre occidental.
(v) y sobre todo la cantidad de cosas absurdas
que llegan a plantear con el fin de defender nuestros planteamientos, debido a esta ignorancia que muchos poseemos.
(vi) Otra cosa es la falta de participación de creacionistas en los debates en los foros evolucionistas y también creacionistas en internet.
Nuestra fe es escándalo a la razón de los evolucionistas, que constantemente descalifican la Palabra de Dios, sembrando la duda dentro de nuestras mentes acerca de su veracidad. Esto último es quizás lo mas grave.
Podríamos comprender que ellos defiendan su posición,pero no a desmedro de desautorizar las escrituaras, o pretendiendo alegorizar los pasajes bíblicos relacionados con la doctrina de la creación.
Uno de los padres de la Iglesia hace una defensa del absurdo. Esta
persona fue Tertuliano de Cartago y vivió en el siglo II
de nuestra era. En esta defensa del absurdo se pretendía
que la fe pura no se contaminase por la razón, sus dudas,
sus prejuicios o su metodología. Tertuliano afirmó
“Creo porque es absurdo”
(credo quia absurdum), lo que debe entenderse como la aceptación
de que la fe sólo se puede ejercer sobre lo “no racional”,que
es absurdo, y por tanto no puede ser racionalizado sino, precisamente,
creído.
Anselmo de Aosta también lo sintetiza de una forma muy personal: “No busco entender para creer
sino que creo para entender”, primero la fe
y luego la razón.
Esa es la jerarquía de pensamiento que mantenemos nosotros los creacionistas bíblicos.
Y que es lo que ellos responden:
"Bien, que la apliquen en sus parroquias y ante sus acólitos,
pero no en clase de ciencias. La ciencia es razón, y este
tipo de planteamiento no tiene cabida en ella."
Ningun
fundamentalista serio, temeroso de Dios ve con buenos ojos la figura
de Charles Darwin. Es mas, es un tema yo diria tabú, hasta
uno corre el riesgo de ser llamado anatema tan solo por examinar la teoría de Darwin.
Sin
embargo casi todos los científicos ven a Darwin como uno
de los grandes de todos los tiempos.
Como
esta historia muestra, la evolución todavía es un
asunto caliente en el Cinturón Bíblico, donde es a
veces conocida como "Evilution" y por lo general considerada
trabajo del Diablo.
Los creyentes religiosos más sofisticados
—especialmente los europeos, entre otros el Papa— hace mucho tiempo que claudicaron ante el tema de la evolución, decidiendo que no plantea ninguna amenaza
a la religión: es simplemente la manera en que Dios hace
las cosas, en este caso, la fabricación de criaturas vivientes.
Pero al catolicismo romano nunca le importó en demasía la Palabra de Dios.Siempre la interpretaron a la luz de sus tradiciones. Obviamente y dada la cantidad de científicos católicos que aceptaron la Teoria de la evolución como un hecho, se habran dado cuenta que si se oponían, podrían perder muchos de sus científicos al estos alejarse de su religión.
América está librando una batalla, desde el principio
otra vez, que fue librada y terminada en Europa un siglo atrás.
El resultado europeo fue un acuerdo: el Papa Pío XII aceptó
la verdad de la evolución en una encíclica de 1950,
pero no fue una victoria total para la ciencia.
En 1981 un sucesor,
Juan Pablo II, suavemente señaló que ‘la
Biblia... no desea enseñar cómo fueron hechos los
cielos, sino cómo uno va al cielo’.
La ciencia fue reivindicada, la teoría de la evolución
fue aceptada en general, pero las personas religiosas eran libres
de interpretar ese proceso como la manera de Dios de hacer criaturas
vivientes. Y es una muy buena manera, como Darwin comprendió,
de modo que todos pueden ser felices y dejar de discutir.
Muchos de los creacionistas,
al contrario, parecen no haber apreciado que si clavan sus creencias
religiosas en un planeta de 6.000 años de edad, no se están
haciendo ningún favor y tampoco se dejan una real salida.
Pero los del Cinturón Bíblico en Estados Unidos, fundamentalistas
bíblicos, si reconocen una amenaza en esta ideología, y tienen razón. La
sofisticada reconciliación de la evolución con Dios
es un compromiso flojo, una deserción. ¿Por qué?
Porque la evolución hace un enorme agujero en lo que de otro
modo podría ser el mejor argumento jamás diseñado
para convencer a las personas de la existencia de Dios, y es el
‘argumento desde el diseño’.
La
era victoriana de la época de Darwin fue una paradoja: una sociedad con una
base religiosa muy fuerte pero bastante flexible, donde se daba
por sentado que Dios existía, pero que dio a luz a toda una
serie de revoluciones intelectuales muy importantes que condujeron,
bastante directamente, a la sociedad occidental secular de hoy.
No
olvidemos que en los EE.UU. hay incluso una separación constitucional
del estado y la iglesia. (Extrañamente, el Reino Unido, que
en la práctica es uno de los países más seculares
en el mundo —casi nadie asiste a la iglesia, excepto para
bautizos, bodas y funerales— tiene su propia religión
estatal, y un monarca que afirma ser nombrado por Dios.) De todos
modos, los verdaderos victorianos eran una raza temerosa de Dios,
pero su sociedad alentaba a los inconformistas como Darwin a pensar
fuera del círculo cerrado, con trascendentales consecuencias.
Hay muchos aspectos de la evolución que los científicos
aún no comprenden. Los detalles detrás de la teoría
de Darwin todavía están disponibles, y cada año
trae nuevos cambios de opinión mientras los científicos
tratan de mejorar su comprensión. Los del Cinturón
Bíblico comprenden aun menos sobre la evolución, y
típicamente la distorsionan en una caricatura: ‘la
elección ciega’. No tienen el menor interés
en mejorar su conocimiento.
Pero comprenden, mucho mejor que los decadentes europeos, que la
teoría de la evolución constituye un ataque muy peligroso
a la psicología de la fe religiosa. No en su esencia (porque
cualquier cosa que la ciencia descubra puede ser atribuido a la
Deidad y vista como su mecanismo para provocar los eventos asociados),
sino sobre su actitud.
En
cuanto Dios es quitado de la diaria operación del planeta,
e instalado en algún lugar detrás de la bioquímica
del ADN y de la Segunda Ley de la Termodinámica, ya no es
tan obvio que Él deba ser fundamental en la vida cotidiana
de las personas. En particular, no hay razón especial para
creer que Él afecta esas vidas de alguna manera, o que desee
hacerlo. Es tristemente también la línea
general a lo largo de la cual evolucionó el propio pensamiento
de Darwin —empezó su vida adulta como estudiante de
teología y la terminó como un agnóstico algo
atormentado.
El creacionismo
es simplemente un sistema de fe deísta y no ofrece ninguna
prueba científica creíble para los científicos, además de sus creencias.
El diseño inteligente reclama pruebas de su visión,
pero esos reclamos fracasan incluso ante un escrutinio científico
informal, como se documenta en los libros del 2004, Por Qué
Falla el Diseño Inteligente, editado por Matt Young y Taner
Edis, y Debatiendo el Diseño, editado por William Dembski
y Michael Ruse. Y cuando unas personas (ninguna de las anteriores,
nos apresuramos a señalar) afirman que el Gran Cañón
es evidencia de la inundación de Noé —un notable
incidente reciente— no es muy difícil demostrar que
se equivocan.
El principio de la libertad de expresión implica que estas
opiniones no deben ser suprimidas, pero no implica que deban ser
importadas en las lecciones de ciencia, no más que las alternativas
científicas para Dios deban ser importados en el sermón
dominical del ministro.
Si usted quiere colocar su cosmovisión
en la lección de ciencia, tiene que establecer sus credenciales
científicas. Pero porque los cultos, las religiones y los
sistemas de creencia alternativos evitan que las personas hagan
preguntas inoportunas, no hay manera en que alguna vez puedan conseguir
esa clase de evidencia. No sólo el azar es ciego.
La
visión científica del planeta que es actualmente nuestra
única casa, y de las criaturas con las que lo compartimos
y el universo a su alrededor, ha logrado su forma actual a lo largo
de miles de años. El desarrollo de la ciencia es mayormente
un proceso incremental, un lago de conocimientos llenado por la
constante acumulación de diminutas e innumerables gotas de
lluvia. Como el agua en un lago, el charco del conocimiento también
puede evaporarse otra vez —porque lo que creemos que comprendemos
hoy puede ser expuesto mañana como una tontería, exactamente
como lo que creíamos que comprendíamos ayer es expuesto
hoy como una tontería.
Usamos la palabra ‘comprensión’
en lugar de ‘conocimiento’ porque la ciencia es más
que, y menos que, una colección de hechos inmutables. Es
más, en cuanto abarca los principios organizadores que explican
lo que nos gusta pensar que son hechos: las extrañas trayectorias
de los planetas en el cielo tienen perfecto sentido en cuanto se
comprende que los planetas son movidos por fuerzas gravitatorias,
y que estas fuerzas obedecen a reglas matemáticas. Es menos,
porque lo que hoy podría parecer un hecho, mañana
puede resultar una interpretación equivocada de otra cosa.
En Mundodisco, donde las cosas obvias tienden a ser verdaderas,
un Sol diminuto e insignificante efectivamente gira alrededor del
importante y grandioso mundo de las personas. Solíamos pensar
que nuestro mundo era así también: por siglos, fue
un ‘hecho’, y uno obvio, que el Sol giraba alrededor
de la Tierra.
Los grandes principios organizadores de la ciencia son las teorías,
sistemas coherentes de pensamiento que explican enormes cantidades
de hechos de otra manera aislados, que han sobrevivido a extenuantes
pruebas deliberadamente diseñadas para quebrarlas si no concuerdan
con la realidad. No han sido simplemente aceptadas como algún
acto de fe científica: en cambio, las personas han tratado
de falsificarlas —para probar que estaban equivocadas—
pero hasta ahora han fallado.
Estos fracasos no prueban que la teoría
sea verdadera, porque siempre hay nuevas fuentes potenciales de
discordia. La teoría de la gravitación de Isaac Newton,
en conjunción con sus leyes del movimiento, era —y
todavía lo es— bastante buena para explicar los movimientos
de los planetas, los asteroides y otros cuerpos del sistema solar
al detalle, con gran exactitud. Pero en algunos contextos, como
en los agujeros negros, ahora ha sido reemplazada por la teoría
de la relatividad general de Albert Einstein.
Espere algunas décadas, y seguramente otra cosa la reemplazará.
Hay abundantes señales de que no todo está bien en
las fronteras de la física.
Cuando los cosmólogos tienen que postular la extraña
‘materia oscura’ para explicar por qué las galaxias
no obedecen a las conocidas leyes de la gravedad, y luego incluir
la aun más extraña ‘energía oscura’
para explicar por qué las galaxias se alejan a velocidad
creciente, y cuando las evidencias independientes de estos dos poderes
de la oscuridad son casi inexistentes, se puede olfatear el venidero
paradigma.
La mayor parte de la ciencia es incremental, pero alguna es más
radical. La teoría de Newton fue una de las grandes rupturas
de la ciencia —no una llovizna que agitó la superficie
del lago, sino una tormenta intelectual que desencadenó un
torrente violento. El Reloj de Darwin es otra tormenta intelectual:
la teoría de la evolución. Darwin hizo a la biología
lo que Newton había hecho a la física, pero de una
manera muy diferente. Newton desarrolló ecuaciones matemáticas
que permitieron a los físicos calcular números y probarlos
con muchos decimales; fue una teoría cuantitativa. La idea
de Darwin está expresada en palabras, no en ecuaciones, y
describe un proceso cualitativo, no números. A pesar de eso,
su influencia ha sido por lo menos tan grande como la de Newton,
posiblemente aun más grande. El torrente de Darwin hoy todavía
ruge.
La evolución, entonces, es una teoría, una de las
teorías más influyentes, de más alcance e importancia
jamás ideada. En este contexto, vale la pena señalar
que la palabra ‘teoría’ es usada a menudo en
un sentido muy diferente, para significar una idea propuesta para
ser probada. En rigor, la palabra que debería usarse aquí
es ‘hipótesis’, pero es una palabra rebuscada
y pedante que las personas tienden a evitar. Incluso los científicos,
que deberían conocerla mejor. ‘Tengo una teoría’,
dicen. No, usted tiene una hipótesis. Se necesitarán
muchos años, posiblemente siglos, de severas pruebas, para
convertirla en una teoría.
La teoría de la evolución fue una vez una hipótesis.
Ahora es una teoría. Los detractores se ajustan a la palabra
y olvidan su doble uso. ‘Sólo una teoría’,
dicen con desdén. Pero una teoría verdadera no puede
ser desestimada tan fácilmente, porque ha sobrevivido a muchas
pruebas rigurosas.
Al respecto, hay muchas más razones para
considerar seriamente la teoría de la evolución, que
a cualquier explicación de la vida que dependa, por decir,
de la fe religiosa, porque la falsificación no está
muy valorada en el programa religioso.
Las teorías, en ese
sentido, son las partes mejor establecidas y más creíbles
de la ciencia. Son, en general, considerablemente más creíbles
que la mayoría de los otros productos de la mente humana.
De modo que lo que estas personas están pensando cuando cantan
su desdeñoso lema, en realidad debería ser ‘Sólo
una hipótesis’.
Ésa fue una posición justificable en los primeros
días de la teoría de la evolución, pero hoy
es simplemente ignorante. Si algo puede ser un hecho, la evolución
lo es. Es posible que tenga que ser inferida de las pistas depositadas
en las rocas, y más recientemente comparando los códigos
de ADN de criaturas diferentes, más que vista directamente
a simple vista en tiempo real, pero no se necesita de un testimonio
de los hechos para hacer deducciones lógicas de las evidencias.
Las evidencias, de varias fuentes independientes (como los fósiles
y el ADN), son abrumadoras. La evolución ha sido establecida
tan firmemente que nuestro planeta no tiene sentido en absoluto
sin ella. Las criaturas vivientes pueden cambiar, y lo hacen, con
el tiempo.
Los cientificos alegan que el registro fósil muestra que han cambiado sustancialmente
durante largos períodos de tiempo, hasta el punto de surgir
especies completamente nuevas,pero al día de hoy,solo pueden observarse cambios más
pequeños, durante períodos tan breves como un año,
o simples días en bacterias.
Lo que queda abierto a la disputa, especialmente entre los científicos,
es cómo sucede la evolución. Las mismas teorías
científicas evolucionan, adaptándose a las nuevas
observaciones, a los nuevos descubrimientos, y a las nuevas interpretaciones
de viejos descubrimientos. Las teorías no son talladas en
tabletas de piedra. La mayor fortaleza de la ciencia es que cuando
se enfrenta con pruebas suficientes, los científicos cambian
de opinión. No todos ellos, ya que los científicos
son humanos y tienen los mismos defectos que el resto de nosotros,
pero una cantidad suficiente para permitir que la ciencia mejore.
Incluso hoy hay intransigentes —no son una mayoría,
a pesar del ruido que hacen, sino una minoría significativa—
que niegan que esa evolución haya ocurrido alguna vez. La
mayoría de ellos son norteamericanos, porque una rareza de
la historia (unida con algunos derechos tributarios idiosincrásicos)
ha hecho de la evolución un asunto educativo muy importante
en los Estados Unidos. Allí, la batalla entre los seguidores
de Darwin y sus adversarios no sólo sucede en el elevado
terreno intelectual. Se trata de dólares y centavos, y se
trata de quién influye en los corazones y las mentes de la
siguiente generación. La pelea se enmascara como religiosa
y científica, pero su esencia es política.
En
los 20, cuatro estados estadounidenses (Arkansas, Mississippi, Oklahoma,
y Tennessee) declararon ilegal enseñar la evolución
a los niños en las escuelas públicas. Esta ley quedó
en vigencia casi medio siglo: fue finalmente prohibida por la Corte
Suprema en 1968. Esto no ha detenido a los defensores de la ‘ciencia
de la creación’ de tratar de encontrarle la vuelta
a esa decisión, o aun revertirla. La mayor parte, sin embargo,
ha fallado, y una razón es que la ‘ciencia de la creación’
no es ciencia; carece de rigor intelectual, carece de pruebas objetivas,
y a veces está totalmente chalada.
Es posible sostener que Dios creó la Tierra, y nadie puede
demostrar que está equivocado. En ese sentido, es algo justificable
en qué creer. Los científicos podrían sentir
que esta ‘explicación’ no nos ayuda enormemente
a comprender nada, pero ése es su problema; para todo lo
que cualquiera puede demostrar, podría haber ocurrido de
esa manera.
Pero no es sensato seguir la cronología bíblica
del prelado anglo-irlandés James Ussher y sostener que el
acto de la creación ocurrió en 4.004 a.C., porque
hay aparentes pruebas abrumadoras de que nuestro planeta es mucho más
viejo —4,5 mil millones años en lugar de 6.000.
O Dios
deliberadamente trata de engañarnos (que es concebible, pero
no concuerda bien con los mensajes religiosos habituales, y bien
podría ser herético) o estamos parados en un terrón
de roca muy viejo.
Presuntamente, el 50% de los estadounidenses
cree que la tierra fue creada hace menos de 10.000 años,
que si es verdad dice algo bastante triste del sistema de educación
más costoso en el mundo.[2]
Estadísticas
en España
El biólogo británico
Charles Darwin, de quien este año se celebra el 150 aniversario
de la publicación de su obra ‘El origen de las especies’,
es muy conocido en el planeta (un 70% ha oído hablar de él
en alguna ocasión). No obstante, en algunos sitios se sabe
más de él que en otros, y son mayoría quienes
piensan que su teoría de la evolución de las especies
por la selección natural es compatible con la la creencia
en un Dios.
Una encuesta, realizada en 10 países
de todo el planeta a más de 10.000 adultos por el British
Council, el organismo internacional de Gran Bretaña para
asuntos culturales, señala que un 45% de los españoles
comparte esta afirmación, un porcentaje que en India llega
al 85%, en Argentina al 63% y en China al 39%.
El estudio refleja situaciones que
no dejan de ser curiosas. En Estados Unidos, por ejemplo, más
de ocho de cada 10 tienen buen conocimiento de las teorías
de Darwin, pero un 42% es escéptico respecto a su evidencia
científica. De hecho, ese mismo porcentaje cree que la vida,
incluida la humana, ha existido siempre en su forma actual.
En
España, China, México, Rusia o Gran Bretaña
son más los que saben que ha evolucionado, aunque algunos
dicen que bajo la batuta de un Dios y otros aluden a la selección
natural. De hecho, en esos países es donde más se
ha oído hablar de Charles Darwin, mientras que en Egipto
y Sudáfrica es un gran desconocido.
El responsable del programa ‘Darwin
Now’ del British Council señalaba que “el aspecto
más esperanzador de la muestra es que, si bien existen diversas
opiniones sobre la teoría darwiniana de la evolución,
parece haber una amplia aceptación de que la ciencia y la
fe no tiene por qué estar enfrentadas”.
Aún
así, reconocía que queda mucho por hacer para dar
a conocer las evidencias de la teoría de la evolución
a un público más amplio”. [3]

Esta
fotografía fue tomada a las puertas de un congreso de la
sociedad americana de geofísica. Creo es autoexplicativa. La Tierra ha sido creada en 7 días. Geofísicos, iros
al infierno[4]
Kenia
se opone a la Teoría de la Evolucion

Obispo
Bonifacio Adoyo
Esta
es una vieja protesta, realizada en Septiembre del año 2006.
Ya
van 150 años y aun ni noticias del salto evolutivo; el salto
mas largo de la historia de la humanidad o bestialidad. El
Museo Nacional de Kenia (NMK), que tiene 75 años y se encuentra
cerrado hasta junio de 2007 por remodelación, aloja una exposición
titulada “Los orígenes del hombre”.
Un
grupo de cristianos conservadores lanzó una campaña
contra una de las colecciones de fósiles más importantes
del mundo, situada en Kenia, a la que calificaron de “afrenta
contra su fe”, relanzando en este país el debate entre
científicos y religiosos sobre el origen del hombre.
"El
Museo Nacional de Kenia (NMK), que tiene 75 años y aloja
la exposición titulada “Los orígenes del hombre”.
En ella se presentan importantes descubrimientos prehistóricos
realizados principalmente en la región del Valle del Rift,
considerado como la cuna de la humanidad. Entre estos descubrimientos
figuran fósiles de homínidos que datan de entre 1,2
y 1,7 millones de años, entre ellos un esqueleto casi completo
de un joven, descubierto cerca del lago Turkana (norte de Kenia),
y que tiene 1,7 millones de años de antigüedad. Numerosos
fósiles presentados en la exposición fueron descubiertos
en Africa del este por los reconocidos paleontólogos Louis
y Marie Leakey.
Algunos
grupos de cristianos conservadores de Kenia dirigen actualmente
una campaña que busca la supresión de la exposición,
que juzgan escandalosa porque promueve la teoría de la evolución
de Charles Darwin.
“Cuando los museos anuncian que el hombre desciende del mono,
se enfrentan en el plano ideológico a muchas personas que
son cristianas y que creen que Dios nos ha creado”, dijo el
obispo Bonifacio Adoyo, quien encabeza la campaña.
“Cuando los niños van al museo, comienzan a creer que
el hombre proviene del mono (…) No es verdad”, afirma
Adoyo, director de la Alianza evangélica de Kenia, y que
afirma representar a Iglesias de 35 confesiones y a 9 millones de
fieles.
“Los fósiles confirmaron el papel de Kenia como cuna
de la humanidad y han atraído a muchos visitantes”,
dijo el museo en un comunicado emitido luego del inicio de la campaña
de Adoyo.
Richard
Leakey, un keniata hijo de Louis y Marie e igualmente paleontólogo,
se mostró confundido por esta campaña. “La
Iglesia se comporta de manera ridícula”. “Los
dirigentes de la Iglesia están desfasados. Deberían
concentrarse en su fe y dejar a los científicos concentrarse
en su trabajo”.
“La teoría de la evolución es aceptada en todo
el mundo”, señaló Leakey. “Es parte de
la historia científica y Kenia posee las pruebas más
importantes de la historia de la evolución”, argumentó.[5]
Surgirán
nuevas protestas? Quizás si, quizás no. Todo depende
de los cientificos que descubran los mecanismos exactos por los
que los hombres pasaron de bestia a persona y logren comunicarlo
a la sociedad lo mas rápido posible y de la manera mas exacta
y comprobable posible. Y si no tienen la menor idea de como sucedió,
pues creo que lo correecto es que dejen de decir que somos monos
que hemos tenido exito y que reconozcan que Dios creó al
hombre, como lo enseña el relato del Génesis.
Supongo
que el orgullo científico impide reconocer que se equivocaron
y rectificar el rumbo. Pero asi lo único que ganan es lograr
el desprestigio intelectual de los cientificos. Quiera Dios que
los cientificos se comporten como personas y no como bestias. Sino,
realmente creeré que tienen razon al decir que somos bestias
que tuvieron exito al evolucionar.
El
obispo Bonifacio Adoyo es una viva reencarnación de Samuel
Wilberforce, obispo de Oxford.
Habían
pasado casi setenta años desde la publicación de El
origen de las especies, de Darwin, y el descubrimiento casi simultáneo
del hombre de Neanderthal. Fueron años llenos de acontecimientos
para los antropólogos. Primero salió a luz el Pithecanthropus
y después la mandíbula de Heidelberg, junto con muchos
esqueletos de Neanderthal, e incluso los restos fosilizados del
Homo sapiens primitivo. Ese mismo año, 1925, vio el descubrimiento
del Australopithecus "Infante Taung".
Al parecer en Tennessee no eran suficientes setenta años
de investigacionjes, enseñanzas y debates. Y así fue
escenificado el extraño drama de Dayton, ante un mundo asombrado.
La historia fue llevada al cine "Heredarás el viento”
dirigida por S. KRAMER en 1960.

El Homo sapiens no es sino una especie entre muchas,fruta de una intrincada e impredecible interrelación entre los procesos creativos de la evolución y la mano de la extinción..." Richard Leackey,Paleontropólogo.
"Me temo que Homo sapiens es "una cosa pequeña" en un Universo enorme,un acontecimiento evolutivo ferozmente improbable,claramente situado dentro de los dominios de la contingencia. Hágase de esta conclución lo que se quiera.Algunos encuentran esta perspectiva deprimente; y siempre se le ha considerado estimulante, y fuente a la vez de libertad y de la consiguiente responsabilidad moral." Stephen Gay Gould
En
Oxford el 30 de junio de 1860, seis meses después de la publicación
de El origen de las especies el obispo habló ante una sala
tensa, abarrotada, después de que oradores preliminares menos
brillantes, habían aburrido al público durante algunas
horas. Wilberforce desató su ofensiva de un modo jovial y
confiado. "El principio de la selección natural",
dijo, "es incompatible por completo con la palabra de Dios".
Es una "visión ignominiosa de la Naturaleza". "Contradice
los relatos revelados de la Creación". Flageló
inmisercordemente las ideas de Darwin, quien no asistió por
su mala salud. Por último, Wilberforce se volvió hacia
Huxley y sonriendo de manera sarcástica le suplicó
que le dijese "si era a través de su abuelo o de su
abuela, de quien declaraba descender de un mono". La audiencia
rió y luego estalló en aplausos, mientras Wilberforce
tomaba asiento.
Huxley ofreció su defensa serena y solemnemente. Explicó
las ideas de Darwin y demostró que Wilberforce no había
dicho nada que las contradijera. Expuso la ignorancia científica
de Sam el Jabonoso con frases firmes y severas. Entonces, por último,
Huxley dijo que no estaría avergonzado en absoluto de tener
a un mono por antepasado, pero sí se sentiría "avergonzado
de descender de un hombre que emplea su conocimiento y su elocuencia
para oscurecer la verdad". |